jueves, 1 de septiembre de 2016

34 años.

El título de esta entrada se refiera a los años que fui cliente habitual en la peluquería de mi barrio*,la peluquería "Manolo".
El dueño era Manolo,uno de los mejores amigos de mi padre desde que llegó a Alcalá de Henares en 1972,y tenía un carácter familiar marcado porque los padres llevaban a su hijos y más adelante a sus nietos.¿En cuántos sitios sigue ocurriendo esa situación?
*Nos mudamos a mediados de los años noventa ; sin embargo,donde vivimos ahora ni lo es ni lo será.

Los sillones de la peluquería eran parecidos a éstos.

La razón por la que mi padre empezó a cortarse el pelo allí es muy sencilla.En uno de los locales de la misma calle estuvo durante años la Casa de Andalucía (en la calle Álvaro de Bazán) y alguno de sus conocidos,emigrantes como él,le recomendaría el sitio.El clásico "boca oreja" de toda la vida,la mejor  y más barata de las campañas publicitarias para darse a conocer que hay y habrá nunca.Además,estaba a apenas un par de calles de la casa de mis abuelos y de la parada del autobús que le llevaba y traía a la empresa donde trabajaba.
Conoció a mi madre unos años después y "por casualidad" vivía a una calle de distancia en ese mismo barrio.La excusa perfecta para ir a verla y de paso parar un rato para hablar de fútbol u otros temas con uno de sus amigos y sus clientes. ¡El menú completo para el caballero!

Antes de marcharse al servicio militar obligatorio decidió cortarse la melena para que no le hiciera una chapuza un peluquero cualquiera (en la legión de Melilla,para más señas).Pasar por ese trago amargo en manos de una profesional cualificado y de total confianza era mejor que con un desconocido.

Cuando mis padres se casaron compraron un piso en el mismo barrio,donde se habían criado ambos,y el portal estaba justo enfrente de...la peluquería de Manolo. ¡Qué pequeño es el mundo!
Era de esperar que mis padres decidieran,a la tierna edad de tres años,que el más indicado para cortar mi melenilla rizada era él y no otro profesional del gremio.

Así fue treinta y cuatro años de mi vida.Primero me acompañaba mi padre o me dejaba mi madre (pagaba luego en la mayoría de las ocasiones porque había mucha confianza) y luego empecé a ir solo.También le recomendé a varios de amigos,aunque no me hicieron caso. ¡Craso error!
En el año 2010 murió mi padre y fui,haciendo de tripas corazón,a darle la triste noticia a Manolo.Corrió la voz entre los vecinos del barrio y fueron en masa al funeral gracias a su labor.
Aún le recuerdo llorando conmigo en el tanatorio y contando todo tipo de anécdotas,algunas de las cuales no conocía ni tan siquiera yo.



Hace tres años decidió traspasar el negocio,con la merecida jubilación llamando a la puerta, y el nuevo dueño,su último aprendiz,mantuvo la denominación comercial.Ya no fue igual y seguí yendo por mera costumbre hasta hace unos meses.Heredó la clientela al comprar el negocio,pero no supo mantenerlo. ¡Era muy difícil!
 El local está ahora en alquiler y a saber el tiempo que estará sin actividad comercial o lo que pasará con un lugar que alberga tantos y variados recuerdos para mí.

Me encuentro entre dos aguas,he probado en dos peluquerías de caballeros y no he decidido aún en cuál de las dos seré un cliente habitual.Es una decisión muy complicada y espero acertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada