sábado, 25 de junio de 2016

"Mis recuerdos de videoclub,1ª parte".


En los tiempos que corren acceder a las películas es pan comido,con una simple búsqueda en internet encuentras múltiples enlaces de descarga -de torrent y similares-o puedes verlas en algún formato de vídeo en las páginas en cuestión  ("streaming").Están al alcance de cualquiera con unos rudimentarios conocimientos de informática y sin salir de tu casa ; para muchos el mero hecho de la compra de una entrada de cine es un verdadero sacrilegio y es una afición extraña de una panda de pringados ajenos al "todo gratis y de cualquier manera".Uno de ellos soy yo... y a mucha honra!

 ¿Cómo lo hacíamos antes de la llegada de "la red de redes"?

El final de una era.


Niños y niñas posteriores a los años noventa,existían unos locales,"de pueblos y ciudades de cierto renombre", llamados videoclubes (sobreviven algunos a día de hoy,pero son una especia en extinción) y en ellos se podían alquilar películas por un módico precio* para uno o más días (dos o tres,no más).
*Doscientas o trescientas pesetas (entre 0.80 y 1.50 euros) llegué pagar.Años después,antes del cierre de la cadena Blockbuster,tres euros a lo sumo.


Los formatos de vídeo en alquiler eran VHS,Beta y,el menos conocido,vídeo 2000. Llegaron a convivir los tres en el tiempo con su respectivo público,aunque con una rapidez inusitada el VHS ganó la partida a los otros dos (pinchad en los enlaces directos de arriba para ampliar la información). El porqué sigue siendo para mí un misterio porque ni soy un experto en el tema ni pasé en mi casa del reproductor de VHS. 
¡Welcome to the yuyu!  ¿Estaría "Soytutíoargail" dispuesto a investigar sobre este espinoso tema?



Muchos de estos locales,tan majos y espaciosos,son tiendas de baratijas de comerciantes chinos en mi ciudad.


Los dueños de estos variopintos negocios solían decorarlos con los carteles de las películas en alquiler (fueran o no novedades) en las paredes,otros de cartón duro para colocarlos de pie, unos móviles con publicidad de una o varias cintas (varias escenas o carteles más pequeños unidos por hilos y colgados del techo) y las pegatinas en el suelo.Además,había uno o más monitores con películas en emisión para promocionarlas mientras los clientes hacían sus elecciones.
Todos eran los medios de información ideales para todo cinéfilo que se preciara y el lugar ideal para intercambiar información de "primera mano"con otros aficionados al séptimo arte.

El paraíso en la tierra entre unas estanterías de cintas de vídeo.


El trato al cliente dependía del número de socios (pasé de uno con menos de doscientos y a otros con más cinco mil) y los encargados de cada establecimiento.Podías encontrarte personas encantadoras,con sugerencias cuando no sabías qué alquilar,o "seres inertes"que esperaban a que eligieras y luego pagaras,casi sin mirarte a la cara cuando enseñabas tu carnet o decías tu número de socio para apuntarlo en tu ficha. ¿Era tan sencillo como parece a priori?
Ni mucho menos,no toda la gente valía para el trato con los clientes en el día a día.


¿En cuántos videoclubes fui socio?

A bote pronto fueron"Gigante",con un local grande y un amplio catálogo (tenían los tres formatos de vídeo e incluso una sección para adultos con películas pornográficas),uno pequeño a una calle de mi antiguo piso (no recuerdo el nombre) y otro llamado "Sangyo" o algo parecido,con un tamaño intermedio entre los dos anteriores.De los tres citados,estuvo más tiempo mi madre como socia en el tercero porque permaneció más tiempo abierto en mi barrio (el distrito cinco de Alcalá de Henares,Madrid) entre mediados de los ochenta y el principio de la década de los noventa.

Más adelante inauguraron,a mediados de los noventa,la cadena Blockbuster en España y mi progenitora decidió tener su carnet de socia para comprar "La bella y la bestia" en vhs a mi hermana.Estuvieron en funcionamiento hasta hace diez o doce años y llegué a tener mi propia tarjeta de socio. ¡Qué acontecimiento memorable en mi vida!


¿Evolucionaron estos negocios?


Poco a poco diversificaron su catálogo de productos* y pasaron a vender dulces,comida para picar, barras de pan,prensa,productos de limpieza  y muchas otras cosas (películas también,que conste).Incluso en los locales con más espacio tuvieron unos cuantos años un alquiler de videojuegos.

*El local de Paco en "Aquí no hay quien viva" era un claro ejemplo.



El siguiente paso fue automatizar el servicio con unos cajeros donde podías elegir las películas,usando tu tarjeta de socio, y pagabas en el acto.Sin personal físico para ahorrar costes y añadiendo a su catálogo el dvd cuando se impuso al vhs.
Funcionó durante unos pocos años a partir del 2000 y poco a poco fueron desapareciendo ante el imparable auge de "las descargas ilegales" presentes por doquier en internet. Un triste final para uno de los negocios más representativos y añorados de los ochenta y noventa.


Algunos alquileres con mis amigos asustarían al más pintado.




4 comentarios:

  1. Muy interesante.
    Yo también viví todo lo que cuentas por aquí.
    Día emocionante con la llegada del vídeo a casa.
    A continuación había que hacerse socio del Vídeo Club para alquilar tus pelis preferidas.
    Con el tiempo, todos estos locales desaparecieron. Recuerdo el último que había, uno bastante grande al lado del Ambulatorio Reyes Magos que fue ampliando mercancías, podías comprar pan y chucherías, pero también lo cerraron.
    ¡Cómo pasa la vida!

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  2. Los videoclubes que cito estaban en : Gigante (Calle Gil de Andrade,ahora es un supermercado),el pequeño cerca de mi casa (Avenida Plaza de Toros),Sangyo (Vía Complutense,un poco más adelante de la clínica de Pryconsa) y Blockbuster (a dos pasos de el centro comercial El Val).
    Yo vivía en Álvaro de Bazán,a cinco minutos de la antigua plaza de toros de Alcalá de Henares,y ahora casi enfrente del concesionario de Renault de El Val.;)

    Me alegro de que te haya parecido interesante.

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  3. Conozco los lugares señalados en tu comentario.
    Saludos.

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